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miércoles, 4 de febrero de 2015

Nutrición - Gastronomia & Fitness by Alfonso Rodriguez

A continuación os muestro unos datos que hablan sobre "Nutrición", los cuáles he podido adquirir de un libro con fecha, 1.964...hace poco más de 50 años, para ser exactos. 
Cómo en todo lo que hacemos, tenemos que tener una buena base, lo que hacemos lo aprendemos de personas que anteriormente, han estudiado y aplicado desde su conocimiento. 
Para seguir adelante no tenemos que olvidar que nuestra Historia es primordial, para saber donde nos encontramos y hacia dónde nos dirigimos. 

Si queréis, podéis escribirme vuestras impresiones, referente a los cambios que han surgido desde entonces, 

Nutrición

Acción que tiene por objeto compensar el gasto metabólico del organismo con la ingestión de alimentos. Para ser adecuada, cualitativa y equitativamente, ha de guardar relación con las necesidades metabólicas del momento, tanto las generales de mantenimiento como las especiales de crecimiento, reproducción y recuperación tras periodos de consumición o enfermedad.
Habrá de considerarse además si la alimentación estrictamente necesaria para impedir un equilibrio metabólico negativo es nutritiva mente ideal, es decir, si la mínima cantidad alimenticia es también la óptima.
La cuestión es particularmente importante cuando se trata de estudiar las necesidades nutritivas de grandes masas humanas, como un ejército compuesto de varios millones de soldados.

En la nutrición se presentan problemas de tipo agrícola, económico, comercial e industrial, psicológico y financiero, además de fisiológico puro.


Nutrición

Energética de la nutrición. Con el alimento como combustible habrá de atenderse como primera providencia, aunque no la más importante, a asegurar el organismo la necesaria provisión de calorías. 
Para el metro  mantenimiento de la vida, el varón adulto normal necesita de 38 a 40 calorías por hora por metro cuadrado de su superficie corporal. El calor metabólico total producido por un adulto normal oscila entre 1400 y 1800 calorías al día.

Las necesidades reales de combustible dependerán en gran medida también de la actividad del individuo:
Esas necesidades serán mínimas en el hombre sedentario y máximas en el atleta y el trabajador manual. En los niños, a causa de su mayor proporción de metabolismo basal y por su rápido crecimiento, esas necesidades serán también más elevadas. Así, un niño de 1 a 3 años necesita 1200 cal; los adolescentes, tanto o más que los adultos de la misma estatura.
El valor calórico de las proteínas e hidratos de carbono es idéntico; 4,1 calorías por gramo, muy inferior al de las grasas, que, por su elevado contenido en hidrógeno, producen 9,3 calorías por gramo. Como ni los hidratos de carbono ni las grasas proporcionan nitrógeno, no pueden ni juntas ni separadas satisfacer todas las necesidades metabólicas del organismo, aunque constituyan los combustibles fisiológicos más baratos. Es importante, pues, ingerir proteínas en determinada cantidad, pero ¿cuál ha de ser ésta?

Necesidades de proteínas. Todas las proteínas proporcionan aminoácidos, pero no de la misma clase ni en idénticas proporciones. Las proteínas aparecen como los elementos más valiosos del protoplasma y difieren entre sí no sólo de unas especies a otras, sino de un individuo a otro dentro de la misma especie.

Para elaborar sus propias proteínas, las células del organismo recogen de la sangre los Aminoácidos apropiado. Cierto que el cuerpo humano y animal puede producir determinados aminoácidos; pero otros tienen que ser extraídos necesariamente de las proteínas de los alimentos.


Tales son los aminoácidos esenciales, a saber; leucina, arginina, lisina e histidina, necesarios para el crecimiento; y treonina, valina, isoleucina, fenilalanina, triptófano y metionina (que contiene azufre), indispensables para el sostenimiento del cuerpo y su desarrollo.


Gastronomia & Fitness
Se denominan proteínas adecuadas las que contienen los aminoácidos esenciales, individual o colectivamente. La leche, el queso, los huevos y la carne  magra contienen proteínas adecuadas en elevada proporción, el trigo y la soja, en proporción menos elevada; y la gelatina, los guisantes, las judías y el maíz, en proporción baja.

En la Dieta habrán de incluirse alimentos portadores de proteínas con elevada proporción de aminoácidos, aunque una parte importante de nitrógeno pueda obtenerse de proteínas biológicamente pobres, generalmente de origen vegetal. Aunque pudieran las proteínas llenar las necesidades del metabolismo energético, ello resultaría ruinoso tanto fisiológica como económicamente.

El adulto sano, que almacena pocas proteínas, se dice que está en equilibrio nitrogenado. El exceso de proteínas se consume como combustible o se almacena en forma de grasa. Los hidratos de carbono y las grasas son realmente “economizadores de proteínas”, ya que cuantos más hidratos de carbono y grasas se incluyan en la dieta menos proteínas serán necesarias para mantener el equilibrio nitrogenado. Aunque el adulto activo puede mantenerse bien con unos 40 g al día de proteínas adecuadas, para mayor seguridad se le asignan teóricamente de 60 a 100 g, cifras que vienen defendidas por estudios estadísticos sobre el consumo de proteínas de conjuntos de poblaciones.
La cantidad citada posee un valor combustible de 400 a 500 calorías, es decir, del 10 al 15 % de las necesidades calóricas diarias del adulto normalmente activo.


Necesidades de grasas. Como tanto las proteínas como los hidratos de carbono pueden convertirse en grasa, ésta puede estar ausente de la dieta, salvo que;

1.      Ciertos ácidos grasos no saturados (linoleico, linolénico, araquidónico), antes conocidos con el nombre de vitamina F, parecen ser “esenciales”; y
2.      Las vitaminas liposolubles (solubles en grasa)se encuentran de un modo natural sólo en la grasa de los alimentos.

Casi todos estos elementos contienen algo de grasa, por lo que ésta interviene muchas veces en la dieta inadvertidamente. Puede decirse, sin embargo, que casi todo el mundo escamotea un exceso de grasa, ya que el consumo diario de ésta oscila entre 50 y 90 g, lo que supone del 20 al 30% de nuestras necesidades totales de combustible. 


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Necesidades de hidratos de carbono. Por ser los alimentos más baratos y mejor tolerados, los hidratos de carbono se utilizan comúnmente para cubrir el déficit de combustible dejado por las proteínas y grasas, que satisfacen juntas del 30 al 45% de las necesidades calóricas. Ello significa un gasto de 450 a 600 g de almidones y azúcar al día en condiciones energéticas corrientes.
Un ciclista, por ejemplo, que participe en una carrera de seis días y consuma alimentos por valor  de 6000 a 8000 calorías, ingerirá inevitablemente más proteínas y grasas, sin abandonar los hidratos de carbono como base de la dieta.

 Necesidades minerales. El Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos recomienda específicamente la ingestión diaria de 0,8 a 2 g de calcio y de 12 a 15mg de hierro. Además de éstos minerales se requieren socio, potasio, cobre, cobalto, magnesio, manganeso, cinc, cloro, yodo, azufre, fósforo y varios otros minerales presentes en los alimentos usuales. El cloruro sódico (sal común) se añade deliberadamente a los alimentos para sazonarlos.

Necesidades Vitamínicas. Lo mismo que los minerales, las vitaminas se encuentran en abundancia en los alimentos naturales. A veces se destruyen, sin embargo, en la condimentación o se eliminan en la molienda o refinado. Aún queda por dilucidar la debatida cuestión de si las vitaminas han de adquirirse en la farmacia o en la tienda de ultramarinos. Aunque los centros de investigación han facilitado cifras en miligramos sobre las vitaminas hidrosolubles necesarias y otras en unidades internacionales sobre las liposolubles, una dieta mixta y variable a base de carnes, cereales, verduras y frutas proporcionará todas las vitaminas y minerales necesarios al adulto normal.
Los bebes, niños y mujeres embarazadas o lactantes pueden experimentar temporalmente necesidades especiales de minerales y vitaminas.

Nutrición de “lujo”. Sherman, después de experimentar con ratas, contestó provisionalmente a la pregunta de si es conveniente consumir un exceso de alimentos sobre las necesidades mínimas. El aumento de calorías resultó de poco valor, mientras que el incremento en la proporción de proteínas animales, calcio y vitamina A prolongó la vida de las ratas en sesenta días, equivalentes a cinco años en el hombre. Lo más importante fue que los animales tratados llegaron antes a la madurez y disfrutaron de una vida más adulta más boyante antes de sucumbir a la inevitable vejez.
Si una economía de abundancia sustituyera a la de escasez, predominante aún en algunas partes del mundo, pudiera conseguirse un progreso general en la salud de la población, de la vida y un periodo de adultez más productivo y feliz.



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